En primer lugar, deben haber notado que importé desde mi blog de la vida la entrada de la Pili Sordo. Tardíamente me pegué la escurría que correspondía más a este blog que al otro, pero qué puedo decir. Cosas que pasan.
La última entrada de este blog intentaba dar respuesta a la interrogante de un amigo, "¿Dónde están las mujeres?" y luego de una introducción más o menos graciosa (la verdad es que releí la entrada y no me gustó mucho) dejé planteada la teoría de que las mujeres están escondidas. Y a más de un año de plantearlo, creo que dicha teoría sigue más viva que nunca.
Podría decir que las mujeres viven escondidas detrás las responsabilidades. Desde la casa, el trabajo o la universidad hasta la pareja, los hijos o la familia (estos dos últimos casos los tocaré tangencialmente puesto que no los he vivido aún). Las mujeres tenemos un talento para convertirnos en seres multipropósito: somos mujeres, pero también madres, amigas, colegas, jefas, hermanas. Y por lo general, a diferencia de los hombres, no cumplimos todos estos roles por separado, sino que los vamos mezclando todos y uno que otro será el que marcará el ritmo por sobre los demás.
Siempre he creído que a las mujeres se les exige más, mucho más, que a los hombres. No por un asunto de género en sí, sino que por defecto siempre hemos tenido que cumplir con múltiples tareas y, más encima, ser las mejores en cada una de ellas. Un hombre puede ser un gran profesional, pero una mierda de persona. Pasará a la historia como el huevón perro, pero seco. En cambio, si una mujer es buena profesional y es una bruja, pasará a la vida más por bruja que por sus habilidades en el trabajo. No sé si se va entendiento el concepto, soy mala con los ejemplos, sorry.
A ver si queda más claro. Si bien puede ser un cliché, no deja de ser en gran parte cierto eso que a los hombres le gustan las mujeres que sean señoritas en la mesa, pero putas en la cama. Ya, ya, pueden haber excepciones y no va a faltar la que llegue a llorar por la generalización, pero es un cliché bastante cierto (como la mayoría de los clichés... por algo son clichés). Pero el ejemplo es válido: como mujer, tenemos que cumplir con dos roles opuestos (el de puta y el de señorita) a cabalidad. No hay espacios para puntos intermedios. O somos lo mejor en ambos opuestos o no somos nada.
El problema, entonces, es que después de cientos de años de historia de represión y sobrexigencia, yo creo que las mujeres se fueron a paro y se desaparecieron del mapa. Y se escondieron donde se han escondido siempre: en los estereotipos, los clichés, las generalizaciones.
Las mujeres nos cansamos de ser mujeres-madres-parejas-profesionales todo en un maravilloso pack Nx1. Entonces, sale mejor esconderse en la etiqueta fácil, en el prejuicio lapidario, que salir allá a afuera y mostrarnos tal cual somos. Es mucho más fácil ser la bruja o la desadaptada a secas, que tener que explicar que lo bruja viene por X y lo desadaptada viene por Z.
Por eso creo que discursos como el de la Pili Sordo (y dale con el temita) hacen tanto sentido: porque juegan con los estereotipos que están tan arraigados en el inconsciente social que pasaron a convertirse en realidad. Porque es más fácil decir que una mina es tonta y bruja a darse el trabajo de ir más allá y preguntarse por qué.