12 julio 2009

¿Dónde están las mujeres?: El regreso

Más de un año sin actualizar este blog. ¡Qué vergüenza más grande! Pero aquí estoy, dispuesta a seguir desentreañando los misterios del corazón (que para los misterios de la vida está este otro blog).

En primer lugar, deben haber notado que importé desde mi blog de la vida la entrada de la Pili Sordo. Tardíamente me pegué la escurría que correspondía más a este blog que al otro, pero qué puedo decir. Cosas que pasan.

La última entrada de este blog intentaba dar respuesta a la interrogante de un amigo, "¿Dónde están las mujeres?" y luego de una introducción más o menos graciosa (la verdad es que releí la entrada y no me gustó mucho) dejé planteada la teoría de que las mujeres están escondidas. Y a más de un año de plantearlo, creo que dicha teoría sigue más viva que nunca.

Podría decir que las mujeres viven escondidas detrás las responsabilidades. Desde la casa, el trabajo o la universidad hasta la pareja, los hijos o la familia (estos dos últimos casos los tocaré tangencialmente puesto que no los he vivido aún). Las mujeres tenemos un talento para convertirnos en seres multipropósito: somos mujeres, pero también madres, amigas, colegas, jefas, hermanas. Y por lo general, a diferencia de los hombres, no cumplimos todos estos roles por separado, sino que los vamos mezclando todos y uno que otro será el que marcará el ritmo por sobre los demás.

Siempre he creído que a las mujeres se les exige más, mucho más, que a los hombres. No por un asunto de género en sí, sino que por defecto siempre hemos tenido que cumplir con múltiples tareas y, más encima, ser las mejores en cada una de ellas. Un hombre puede ser un gran profesional, pero una mierda de persona. Pasará a la historia como el huevón perro, pero seco. En cambio, si una mujer es buena profesional y es una bruja, pasará a la vida más por bruja que por sus habilidades en el trabajo. No sé si se va entendiento el concepto, soy mala con los ejemplos, sorry.

A ver si queda más claro. Si bien puede ser un cliché, no deja de ser en gran parte cierto eso que a los hombres le gustan las mujeres que sean señoritas en la mesa, pero putas en la cama. Ya, ya, pueden haber excepciones y no va a faltar la que llegue a llorar por la generalización, pero es un cliché bastante cierto (como la mayoría de los clichés... por algo son clichés). Pero el ejemplo es válido: como mujer, tenemos que cumplir con dos roles opuestos (el de puta y el de señorita) a cabalidad. No hay espacios para puntos intermedios. O somos lo mejor en ambos opuestos o no somos nada.

El problema, entonces, es que después de cientos de años de historia de represión y sobrexigencia, yo creo que las mujeres se fueron a paro y se desaparecieron del mapa. Y se escondieron donde se han escondido siempre: en los estereotipos, los clichés, las generalizaciones.

Las mujeres nos cansamos de ser mujeres-madres-parejas-profesionales todo en un maravilloso pack Nx1. Entonces, sale mejor esconderse en la etiqueta fácil, en el prejuicio lapidario, que salir allá a afuera y mostrarnos tal cual somos. Es mucho más fácil ser la bruja o la desadaptada a secas, que tener que explicar que lo bruja viene por X y lo desadaptada viene por Z.

Por eso creo que discursos como el de la Pili Sordo (y dale con el temita) hacen tanto sentido: porque juegan con los estereotipos que están tan arraigados en el inconsciente social que pasaron a convertirse en realidad. Porque es más fácil decir que una mina es tonta y bruja a darse el trabajo de ir más allá y preguntarse por qué.

Una apología a la Pili Sordo

Entrada importada desde Un Blog del Terror.

Puta, tanto han hinchado en todas partes por la weá que me rendí y vi el pinche video de la Pilar Sordo y su pensamiento mágico. Y bueno, mantengo mi postura al respecto: la mina se las da de gurú, cuando la única razón por la cual tiene tribuna es porque sacó un libro que causó furor en las minas +35 (me extrañaría que una mina más joven le hallara sentido al "¡Viva la diferencia!"). Sin embargo, me veo en la triste posición de asumir que la vieja no caga tan fuera de tiesto.

El mensaje de fondo, "las mujeres no saben lo que quieren", no tiene nada de novedoso. De hecho, es extrapolable al 90% de la población del planeta sin distinción de sexo. Salvo unos cuantos iluminados que nacieron con metas impresas en su ADN, la mayoría de nosotros pasa más tiempo preguntándose qué queremos, que cómo lo alcanzamos. Y eso sencillamente porque pasamos toda la adolescencia y la primera etapa de la adultez (lo adulto joven) intentando descifrar qué chucha queremos en nuestra vida. El resto nos la pasamos intentado alcanzar esas metas y pagando el precio de nuestros sueños.

¿Dónde está lo notable del video de la Pili? En cómo plantea el asunto. La situación de la zapatería y de la salida a comer es de frentón simpática y a la gran mayoría de los hombres se debe haber sentido más que identificado con la situación. El cuento del uniforme de la pega también: no he conocido JAMÁS a una mina que no le encuentre algo a una prenda de ropa (que es muy largo, que es muy corto, que el poto no se me ve, que las pechugas se me asoman mucho y un largo etc.)

Ahora, luego de ver el video me cae de cajón otra cosa más que ya anduve masticando después de leer su libro: independiente que esta mina diga que su público es mayoritariamente femenino (por eso está en un matinal y no un estelar), a quien les habla directamente es a los hombres, no a las mujeres. O sea, es cuestión de ver los comentarios del video (y de los mamones de Camiroaga y el otro loco care'na) como para darse cuenta que a quienes el "pensamiento mágico" les hace clic es a los hombres, no a las minas. Lo que me lleva a otra cosa más: el target femenino de la Sordo son las minas +35, tirando incluso para las +40.

Me explico: creo que a mi vieja (y seguramente a la mayoría de las viejas de mi generación) el cuento del "pensamiento mágico", eso de que las mujeres reciben y los hombres dan (esa idea es del libro, ignoro si habrá dado jugo en la TV con eso) le hace sentido a una generación que se liberó y tuvo que demostrar su valía e igualdad con los hombres en maneras que la mi generación ni siquiera alcanza a comprender.

Nuestras abuelas fueron las que comenzaron la pega: ellas fueron las que de a poco se fueron escapando de la cocina para meterse a trabajar y estamparon a fuego en la mente de sus hijas que no podían depender del marido o proveedor de turno. Los tiempos de solteras vestidoras de santos se habían acabado. Pero aún así, para la mayoría de nuestras abuelas el trabajo tuvo que ser por debajo, solapado, no vaya a creer la gente que andaban criando mujeres liberales.

La generación de nuestras madres, en cambio, se vieron enfrentadas a un escenario escalofriante: hombres que aún querían que los sirvieran, pero que tampoco querían una segunda mamá en sus casas. Los títulos profesionales estaban muy bien, siempre y cuando no descuides tu labor como esposa y madre.

A nuestras viejas, que son las que de verdad rompieron el molde, el discurso de la Sordo les hace mucho sentido porque ellas han tenido que luchar toda su vida entre dos mundos que parecen ser irreconciliables: la casa y el mundo exterior. En palabras fáciles: me encantan esos tacos aguja, pero no puedo andar con el cabro chico a cuestas arriba de un par, ¿no tiene algo entre medio? Entonces, el cuento de lo que se quiere v/s lo que se puede v/s lo que se debe no es menor pa una generación que nunca ha alcanzado a realizarse a cabalidad en ninguno de esos tres aspectos.

Y por último está el cuento de los hombres, de cómo ellos perciben a las mujeres. Los hombres perciben a las mujeres como complicadas porque es más cómodo eso a tener un poco más de empatía y tratar de ponerse en los zapatos ajenos (cuento que va tambien de las mujeres hacia los hombres). Es más fácil decir "ya está en sus días esta mina" que "puta, si yo anduviera sintiéndome mal todos los meses, también me gustaría un poco de indulgencia".

El tema no pasa por convertirse en el paño de lágrimas, amante, amigo, cocinero, asesor de imagen de la mina con que estás. Pasa por no mirarla ni como menos, ni como más, sencillamente como tu par, como la persona que al final del día te entiende, te hace añuñús o te putea si es necesario.

Ahora, después de tanto comentario, entradas en blogs, Facebook y cuanto diablo, todo el cuento me ha servido para darme cuenta que: a) soy una mina a toda raja y b) a los hombres de este país les falta rock.

¡Ah! Y que estoy puro perdiendo el tiempo, debería ponerme con mi propio programa de servicio social como el de la Sordo... Pero tendría lejos mucho más estilo (o por último me vestiría harto mejor.

05 junio 2008

¿Dónde están las mujeres?

A continuación, el primer capítulo de una serie de reflexiones sobre la mejor pregunta que he escuchado en años: ¿Dónde están las mujeres?

Para mentir hace falta uno que mienta y otro que escuche.

Homero Simpson

Introducción

La pregunta surgió genuina del teclado de un amigo. “¿Dónde están las mujeres? Entre las pelolais, las pokemonas, las brujas y esa enorme fauna femenina… ¿Dónde están las mujeres?”. Más tarde me enteraría de dónde provenía de verdad esa pregunta, pero es la misma que desde hace un buen tiempo, yo misma me había hecho en varias ocasiones.

A las mujeres… Mejor dicho a las minas. Sí. A las minas siempre las he encontrado un cacho. Fascinantes, pero cacho al fin y al cabo.

En el colegio, siempre me llamó la atención porqué cresta tenían que darse tantas vueltas para comerse al loco que les gustaba. Nunca entendía por qué no les decían a los pololos que no les gustaba que les tocaran la pechuga o que odiaban a sus amigos. Aún menos, entendía por qué tenían que andar siempre llamándolos, intentando ubicarlos o, sencillamente, paquearlos para matar el tiempo. ¿En qué momento dejaban de ser las dulces y entretenidas chicas que eran conmigo para convertirse en las brujas manipuladoras que eran cuando estaban con el pololo?

Me considero una persona lo suficientemente centrada como para poner presenciar una Batalla de los Sexos sin tomar partido. Esta vez, sin embargo y en honor a mi amigo que inspiró esta entrada, tomaré el papel del abogado del diablo y llevaré a juicio a mis congéneres. Si alguna se siente identificada, no es mi culpa. El mismo Dostoievski dijo que sobre lo mejor que uno podía escribir es sobre las cosas que uno mismo conoce. O sea, no si lo dijo el ruso ese o Stephen King, pero alguien lo dijo y tiene toda la razón. Comencemos.

Parte I: Departamento de Marketing

No sé por qué las mujeres no dominan el mundo del Marketing y la Publicidad en el mundo. Son (somos) las que mejor conocen las reglas de sacarle el máximo partido a un producto (ellas mismas), ofrecerlo al público (hombres) como lo mejor que hay en el mercado y vender al producto tan rápido que el pobre cliente no se ha dado ni cuenta cuando ya ha adquirido la línea completa de productos.

Creo que a raíz de todos los problemas es, justamente, la mini campaña de marketing que cada mujer arma con o sin querer. La historia de este amigo es la historia de cuántos más: mina simpática, inteligente, buena onda, bonita y había harto feeling entre los dos.

Hasta que las cosas se tornan más serias y descubre que lo simpática se esfuma rápidamente cuando están solos, la inteligencia solamente se aplica al trabajo o la universidad, la buena onda es la alegría que jamás llegó, lo bonita es antes de los 10 kilos que aumentó cuando se dejó estar y el feeling depende de que no le duela la cabeza, tenga ganas y sea un 31 de Junio de año bisiesto impar.

Podría decir que casi todos mis amigos han pasado por esa situación. Un proyecto que promete mucho y que termina con bloqueos de MSN y peticiones del tipo “¡Es que si va él/ella, yo no voy!”.

Hay casos donde, obviamente, el asunto es al revés. Hijos de la reverendísima gran meretriz que arrastran de las mechas (figurativa y literalmente) a sus parejas y que, de alguna manera, siempre se las ingenian para tener algo, mejor dicho, alguien, a quien poder manosear de vez en cuando. Pero el tema esta vez son ellas, no ellos.

Entonces, tenemos en primer lugar malas estrategias de marketing. Una cosa es diferenciar al producto entre toda la amplia variedad de ofertas. Otra muy diferente es disfrazarlo de lo que no es y atribuirle cualidades que no tendrá ni la versión 2.0 o la Millenium.

Seamos realistas. Pongámonos realistas. Digamos la verdad. Ya sé, ya sé, cuesta. No es llegar y decir al potencial hombre de tu vida:

- “Es que yo soy paca porque el último tipo con el que estuve se metió hasta con mi hermana

- “Tengo serios conflictos con la figura paterna, por eso siempre busco hombres que me maltraten y me utilicen, porque en realidad disfruto sintiéndome mal

- “De verdad me importa si el auto es tuyo o no, porque vivo a la Crest de la Lome y no me hace gracia pagar taxi cada vez que salgamos

- “No, no son de verdad. Me las regaló el Dr. Vidal

No es necesario ser así de directa. Pero sí es necesario no aparentar ser alguien que no somos. Nos gusta el drama, aceptémoslo. Nos gusta el rímel corrido, las llamadas a la hora del chanfle suplicando nuestro perdón, que no vayan al partido y se quede viendo la película romántica de turno en el cable hecho un ovillo a nuestro lado. ¿Para qué negarlo? ¿Para qué disfrazar que estamos en nuestro elemento cuando de ser brujas se trata?. Todas somos brujas. Alguna en mayor o menor grado, pero todas lo somos. Lo que pasa es que mientras más asumido esté, menos se nota.

Es como cuando sale una espinilla en la frente el día jueves y el sábado hay un carrete posiblemente memorable. Uno se empieza a echar un montón de cremas y tónicos, desde pasta de dientes, yema de huevo, agüita de la hierba milagrosa de la abuelita, hasta lo más top en productos dermatológicos franceses hechos a base de agua ultra virgen jamás tocada ni vista por el hombre con leche de unicornio y pétalos de la flor de los siete colores. Y no pasó nada.

Y llega el sábado y no queda otra que echarse un kilo de estuco en la cara e improvisar una chasquilla del terror. ¿Resultado? El primer loco que se cure esa noche va a puntar tu espinilla con un dedo y vas a ser recordada como “La loca del Tercer Ojo” por el resto de tus días. Cuando lo mejor, quizás, habría sido dejarla estar y preocuparse el sábado mismo de ella. Capacito que al final ni siquiera tengas que echarte estuco porque tal como vino, desapareció.

Entonces, el primer problema con que nos encontramos cuando preguntamos “¿Dónde están las mujeres?” no es tanto el saber dónde están. Tu madre es mujer, tu hermana es mujer, tu amiga es mujer y la vieja de la biblioteca también es mujer. Pucha, ¡si hasta nuestro presidente es mujer! El problema es saber por qué se esconden y, principalmente, de quién se esconden.

30 marzo 2008

Cuestión de Actitud

Me demoré casi 3 meses en publicar un nueva entrada en este blog. De alguna manera, éste es el blog al cual le tengo más cariño y al cual siempre tengo ganas de actualizar. Pero me cuesta hacerlo porque es el único con el cuál tengo un mínimo standard de calidad sobre los contenidos publicados.

Revisando y revisando, me di cuenta que tenía unas ¿20? entradas a medias, sin publicar. Entre medio, un balance mamón sobre el 14 de Febrero que al final fue el primero que borré por mamón y, al mismo tiempo, por cizañero. Pero fue el que me dio la idea para esta entrada.

Me gusta observar a la gente. Mirar con atención cuando creen que pasan desapercibidos por la vida y están en terreno seguro. Supongo que el grado preocupante de interés que tengo por los asuntos ajenos fue una de las cosas que finalmente me empujó a estudiar Periodismo. Pero en fin.

En estas últimas semanas, tal como declara B de Barsa, ha habido una interesante "Rotación Afectiva". Gente que termina, que empieza, que se saca las ganas, que le pone ganas, que se amarga, etecé.

Por lo general, aparte del obvio interés copuchentístico que lo anterior tiene per sé, a mí no me iría ni me vendría. Lo que me ha llamado la atención son las actitudes de la gente hacia esos cambios de estados civiles. Y que me ha ido llamando la atención desde hace un buen tiempo ya.

Por una parte, hay gente que cuando está sola, sufre. Y, lo peor, se pone odiosa. Odia a la gente enamorada, las parejas se convierten en objetivo de comentarios insidiosos. Todo lo que huele a amor y rosadez se convierte en motivo de pesar y creo que si fuera por ellos, encerrarían a todos los enamorados en el Nacional y lanzarían una bomba para acabar con todos. Anotándome con el seguro reproche de cierta señorita que conozco, vamos a designar esta actitud como la "Anti Pink Squad". Cualquier persona que se atreva, siquiera, a sentir un pequeño aleteo de mariposas en el estómago se merece las peores torturas posibles. Además de ser una persona que demuestra poco juicio y cero inteligencia.

Por otra parte, está la gente que no asume su soltería. Busca y cree encontrar en todas partes al amor de su vida. En una semana es capaz de pasar a la emoción y rosadez absolutas, a la decepción más profunda y posterior depresión. No tienen otro tema que no sea el/la min@ de turno o el carrete que se viene en donde quizás conocerá a alguien que la/lo rescate de su soledad.

No sé a qué se deberán ambas actitudes (igual de tóxicas, penosas y extremadamente útiles al momento de reírse de algo o alguien*), pero como todo extremo, es malo.

Y lo peor es que el destino y aquellos que gozamos de buena memoria, siempre estaremos ahí para recordarles lo fastidioso que podía llegar a ser tener que escuchar las eternas peroratas amargadas o las aventuras de cada fin de semana con el "amor de mi vida" de turno.

Ahora, si esas actitudes son pencas, las de aquellos que tienen la "buena" suerte de estar emparejados es aún peor.

Primero, están aquellos que se vuelven un solo ser con la pareja. Pierden totalmente la capacidad de pensar en singular, se pierden por la vida y aquellos que nos tuvimos que tragar los discursos anti-amor quedamos en el olvido. No sé por qué, generalmente las personas que toman este tipo de actitud provienen justamente del segmento que en su pasado de soltería quería tirar a todos los enamorados al mar**.

Lo más gracioso del grupo anterior es que, normalmente, si antes hacían una lista de lo bueno que era estar solteros, ahora viven enrostrando a los demás los beneficios de la vida en pareja. Plop!

Por otra parte, están los que aparentemente arman una vida paralela con la pareja. Uno los sigue viendo igual que antes, un poco menos eso sí. Cuando se les pregunta por su relación responden cosas vagas, como "Si... Bien... Ahí viene mi micro, chao!", "O sea, bien y todo... Mira, justo viene Juanito, que tiempo que no lo veo". Detalles reales de la relación nunca hay y la pareja aparece tarde, mal y nunca en las diferentes actividades sociales realizadas por el grupo de amigos. Creepy.

De mi estado (casi eterno) de soltería, siempre he estado en un limbo entre el odio a los enamorados y creer que mi príncipe azul está a la vuelta de la esquina.

Nunca he odiado a los enamorados. De chica leí suficientes novelas románticas como para tener un sano respeto por la gente felizmente rosada y más que odio, lo que siempre me consumía era una sana envidia. Y si bien, muchas de las veces que conocía a alguien pensaba "this could be the one" y me entusiasmaba más de lo necesario, al final siempre primaba mi cordura para poder reírme de mi excesivo entusiasmo o de mis tristes lamentos por estar sola.

Por otra parte, volviendo al tema del comienzo, es rara la actitud de casi todo el mundo frente al estado civil de los demás. Esos sí que son inclasificables. Porque no dependen solamente de la percepción sobre el propio estado civil, sino con el estado mental que están viviendo en ese momento. Lo que puede decir mucho más sobre lo que piensan que cualquier conversación seria, profunda, epifánica y solemne que se pueda tener.

Por eso, creo que estos tiempos de "Rotación Afectiva" van a servir tanto como las "Oriental Wars"*** para poder conocer aún más a quienes nos rodean. Porque no hay nada como el temor a estar solos para poder percibir con diáfana claridad las verdaderas intenciones de los demás.

* Sí. Lo reconozco. Uno de mis hobbies favoritos es burlarme del resto. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

** Eso sí, durante el primer tiempo en pareja, eso siempre ocurre. No creo que muchos se salven. Así que se sobreentiende que estoy hablando de aquellos que debieron haber superado esa etapa hace rato.

*** Si no sabe a qué me refiero, próximamente estará al aire "Oriente". Stay tuned.

14 enero 2008

La uva ajena

¡¡¡Estimado público!!! Después de tanto tiempo, vuelvo a las pistas bloggeras para intentar dilucidar los misterios amorosos que envuelven a mis congéneres y al resto también. Disculpen por el largo abandono, espero no se vuelva a repetir. En fin. Al grano, comadres y compadres.


Creo que la gran mayoría sí ha sido víctima de una media naranja que, más que mirar para el lado, anda agarrando por otros lados. Y hoy, mis estimados y estimadas, no me dedicaré a poner en un altar al/la cornud@ (como por experiencia propia debería hacer), sino que le echaré una mirada al tema desde la perspectiva pecadora. O sea, ¿Cuántas veces no hemos tenido ganas de pellizcar la uva ajena?

En el caso de las féminas pecadoras, no solamente uno lo hace porque sea difícil encontrar a un hombre decente en estos días (léase con tono de vieja copuchenta de teleserie) es que el espécimen ajeno se vuelve atractivo, sino también porque un hombre que pololea es sinónimo de un hombre comprometido, jugado, etc.

Con respecto a los machos, el asunto es más peliagudo. Personalmente, me niego a creer en la frasecita “la mujer cuando quiere, el hombre cuando puede” y apunto más al grado, a veces espeluznante, de inmadurez varonil. Básicamente, hombre que gorrea más de una vez en la misma relación, es un pastel que anda buscando excusa para sabotear una relación en la que, simplemente, no es feliz.

Ahora, independientemente de la razón que hace que nos fijemos en alguien comprometido, hay que reconocer que el jueguito es bien entretenido, sin que sea necesario cerrar el contrato. Eso de que la mirada viene, la mirada que va. Que la polola está justo mirando la lontananza, que el pololo justo fue a buscar otra cerveza. Sí, es entretenido (me han dicho, ustedes saben que poseo una moral intachable, jojojo), pero ¿hasta qué punto es pecado terrible digno de mandarnos al infierno?

Después del horrendo break-up y posterior luto al que me sometí (junto con los litros de ron y cerveza), pensaba que el solo hecho de mirar a alguien más por más de 10 segundos era motivo de castración automática (o despechuguización automática). Ahora bien, las cosas que me pasaron a mí fueron en determinado contexto, pero me parecía muy sano aplicarlo a los demás.

Sin embargo, hace unas semanas atrás hablaba con una amiga (casada ya) que nos contaba que había que ser muy ingenua/o para pensar que una vez casada, nunca te iba a gustar nadie más. Que era obvio, si incluso cuando uno pololea conoce a gente que le causa cosas en la guata (y en otros lados también, supongo).

Entonces, el meollo del asunto no era tanto si coqueteabas o no con otra persona; o si sentía cosas por alguien más, sino saber que lo que te une a tu pareja es más fuerte que la atracción pasajera, el clic mágico que puedes tener con, reconozcámoslo, gran parte de los habitantes de este planeta.

Con esta idea en mente, me puse a pensar (sí, a veces, muy de vez en cuando, lo hago) qué tan terrible entonces es el flirteo, nada de inocente, con alguien comprometido, ¿es de verdad taaaaan terrible?

O sea, claramente es terrible si lo concretas y te metes en un triángulo digno de teleserie colombomexivenezolana. O si el asunto se pone más turbio y la cosa pasa de ser un one night stand (ando viendo mucha serie gringa, sorry) a una relación paralela que, sabes, terminará mal. Pero si todo se queda en el plano platónico, romántico de novela antigua, ¿de verdad uno se merece ir al infierno?

Damas y caballeros, la palabra ahora la toman ustedes. ¿Es tan terrible mirar la uva ajena sin pellizcar?

30 julio 2007

No me rompas el corazón

"Terminamos bien, si igual seguimos siendo amigos". Las veces que he esuchado esa frase puede llegar a un número peligroso. Aparentemente, es lo más cool del mundo terminar las cosas de manera civilizada y compartir con el ex de turno igual que siempre, sin hostilidades, sin resentimientos, sin nada. Por mucho tiempo incluso me adherí a esa escuela de pensamiento. No creía que era posible terminar en mala cuando habían dos personas maduras y con criterios (de)formado de por medio. Que la vida me haya enseñado otra cosa, es harina de otro costal. Lo importante es la información que he recogido en este último tiempo al respecto. Me atrevo, en base a mi rigurosa investigación, a dividir en:

"Teleserie venezolana con derecho a todo"

Citando al Sr. Vasconcellos, creo que es la menos común y, sin embargo, la más popular. Le lleva fuegos artificiales, llantos, escándalos y quemantes declaraciones. Normalmente ocurren producto de algún cagazo de nivel superior por parte de alguno de los involucrados o la excesiva sensibilidad de una parte de la pareja (normalmente la parte femenina). Es el tipo de ruptura que amamos ser testigos, pero que nadie quiere experimentar.

Alguna de las partes (o las dos) terminan convirtiéndose en zombies que sólo repiten lo que sufrieron e incapaces de superar la situación. Las pérdidas emocionales de estas rupturas suelen tener costos tan altos que no deben haber más de una o dos per cápita. Sin embargo si esta ruptura es bien manejada, suele ser la más útil porque es la más catártica. Uno logra expiar todos los demonios de adentro y tiene un buen pedazo de excusa para hacerlo. Puede volverse feo ("me cargaba tu vieja", "eres una gorda tonta") o muy feo ("la tenís chica", "hueles a puerto", jajaja que fino!!!), pero a la larga quedamos vacíos por dentro y se llora todo lo que hay que llorar y, luego, we just move on.

"No eres tú, no soy yo. Somos los dos"

Algo pasó en el camino. La rutina, la falta de tiempo, la inevitable separación de los caminos. Yo quiero una guagua y tú conocer el Everest. Yo quiero conocer a tus papás, tu, a mi mejor amiga (JA!). Podría ser catalogada como la más "madura" de las rupturas, pero termina siendo la más dolorosa, porque no hay una razón específica de porqué el "nosotros" se esfumó. Por último, un cornudazo o una mentira muy fea pueden ser, finalmente, el bálsamo y dar consuelo. En cambio cuando, sencillamente, se acabó el amor, la tristeza es mucha, igual que la decepción más de uno que del otro.

Mientras la que armó escándalo al menos puede ignorar digna o indignamente al susodicho, cuando se terminó en "buenos términos" se está obligado a saludar, a hacer las preguntas de cortesía y a soportar la sensación de toda la historia que se acumuló con otra persona... Y que ya no está.

Y, más encima, muchas veces queda esa sensación del "¿y qué hubiese pasado si?". Si hubiese enviado más rosas, si hubiese paqueado menos. Y el maldito condicional nos jode por mucho tiempo la cabeza y no nos deja dejar atrás lo que pasó. Porque como la ruptura fue casi o totalmente mutua, uno sabe que el otro está pensando en lo mismo. Entonces, el fantasma del funesto "let's try again" casi se puede tocar.

Pero creo que, si bien a grandes rasgos podemos categorizar las rupturas con estos dos criterios, como cualquier cosa que tenga que ver con la experiencia, al final todo queda en manos de lo que a uno le tocó vivir. Y como la vida es más gris que blanco y negro, las rupturas siempre terminan tomando cosas de uno y de otro aspecto.

Pero esta vez más me interesa lo que usted pueda decir, así que dejo abierta la palabra...

¿Y qué pasa después? La vida post-ruptura

27 junio 2007

Vacío

Hay pocas cosas que cuesten tanto en la vida como decir adiós. Adiós al pan, adiós al colegio, adiós a la casa que nos vio crecer y, por sobre todo, adiós a la persona a quien en un momento amamos con cada fibra de nuestro ser.

No hay finales felices, no hay buenas intenciones, no hay amistad, no hay nada. Sólo el tremendo vacío imposible de llenar que deja el otro en nuestras vidas. Por un tiempo pareciera que todo nos recuerda a él. O a ella, usted escoja porque en realidad yo nunca he tenido una ella a quien extrañar.

Es tan patétito, terrible e insufrible que a veces hasta las cancionces de Arjona nos hacen sentido. Y supongo que ahí es cuando tocamos fondo. Cuando se devolvieron regalos y libros y música. Cuando se borra el número de celular por milésima vez. Cuando nos cansamos de borrar y agregarlo una y otra vez a MSN y se acepta el hecho que aunque esté en línea, la verdad es que no está. Cuando al fin se puede volver a caminar por nuestro paseo capitalino favorito sin que en cada rincón se aparezca su fantasma. "Ahí me dijo cuchi cuchi", "ahí me regaló una flor", "ahí me dijo por primera vez que me quería". Y así un largo etcétera de dóndes y de cuándos de qués que van matando la corporeidad del otro. Pero es aquí dónde la cosa se viene cuesta arriba.

Porque, en un momento dado, el luto se dejó, las borracheras jurando eterna soltería sólo provocan vergüenza y llamarlo a la casa es imposible porque el número finalmente se te olvidó. Ahí es cuando de verdad empieza el olvido. Porque lo querramos o no, somos de carne y hueso y necesitamos el contacto físico de vez en cuando para mantener vivos los sentimientos. Entonces, cuando ya no queda nada qué tocar es lo terrible. Porque intentas recordar esos detalles estúpidos y no puedes. Quieres acordarte de la polera que llevabas el día que lo conociste y no la encuentras. Quieres tomarte el helado en ese local y éste cerró. Porque sabes que en la banca del parque en donde ahora conversas de lo más animada algo pasó, pero no logras acordarte.

Entonces, te inunda la rabia porque sólo parecen volver las peleas, los insultos y las traiciones. Y se te ocurren las frases precisas para hacerlo puré y humillarlo... ¿Pero de qué sirve ahora? Ahora, sólo puedes contentarte con lanzar insultos al vacío o, en el mejor de los casos, a la foto que sobrevivió al huracán de furia y pena post ruptura. Y empiezas a echar de menos. Y a sentir que está en todas partes porque, justamente, ya no está. Y todo parece volver a repetirse en un condenado círculo vicioso del cual nunca saldrás...

Y sí. Eventualmente saldrás de ahí. La pena se irá de una vez por todas, podrás compartir el mismo metro cuadrado sin querer someterlo a torturas chinas y hasta salgan de vez en cuando. Pero el vacío queda. Siempre queda. Porque nadie es ni jamás será lo que él fue. Nadie te hará sentir así, nadie te hablará de la misma manera. Y asi sucederá una y otra vez. Habrán más vacíos, algunos más grandes que otros, pero siempre habrá más.

Eso es lo terrible del amor. Al final, sólo te queda el vacío...

28 mayo 2007

Carta para las Violetas

Sobre la vida en pareja y sus avatares se ha escrito un montón. Algunos optan por elevarlo a altitudes divinas y epifánicas, mientras otros prefieren quedarse en sus cuentos de Corín Tellado.

Sin embargo, están los del término medio. Los que no han sufrido las del Infierno, pero que tampoco han tenido experiencias religiosas con el amor. Los que cuando los abandonan (o abandonan) saben llorar y lloran hasta lo que no tienen... Pero se levantan eventualmente. Y he ahí el gran problema que gobierna los corazones de todos los seres humanos, hombres y mujeres por igual. Porque después de la tormenta, viene la calma y después de tirar tanta cosa para afuera, viene el momento de volverse hacia dentro y redescubrirse. Y una vez terminado el duelo, viene el período donde uno vuelve al amplísimo mercado romántico.

Viole: el verdadero drama, comadre y amiga de mi corazón, es estar realmente lista para tener a alguien. Querer estar con alguien no para la felicidad propia (nuestro caso, creo) ni para la inflación del ego, sino porque realmente deseamos hacer feliz a alguien más...

No puedo negar que a veces me da una lata enorme ver a las parejas en la calle, ver a las parejas de mis amigos todo añuñú y corazoncitos. O sea, más que lata, derechamente (como siempre XD) una pena y una envidia de este porte. Nunca tanto al extremo de cierta campaña Anti Pink Squad, pero sí cercano. Pero, así es la vida. Y no en un sentido conformista y sufriente, sino en un sentido de que eventualmente alguien llegará, o no. Yo no lo sé, no lo sabes tu, ni nadie. Y no hay nada que hacer al respecto.

Creo que somos dos caras de la misma moneda, querida, nuestro historial romántico nos condena tanto por inexperiencia, como por ingenuidad. ¿La diferencia? Normalmente te lo tomas bien fatalísticamente, mientras que yo prefiero reírme de las cosas que me han pasado y sufrir y re-sufrir si es necesario, pero sin perder la esperanza.

Y si nos quedamos solas, ¿qué? ¿es tan terrible? De aquel panorama lo único que me complica es la imposibilidad de formar una familia tradicional (papá-mamá-hijos), pero la descendencia en estos tiempos ultra modernos puede llegar igual. Sin tomar en cuenta que las dinámicas familiares apuntan cada vez más a familias desmembradas por divorcios, multiplicidad de géneros secuales, etecé.

Entonces, ¿cuál es el problema? Más allá de problema práctico del querer apapachos de vez en cuando o alguien que nos abrace cuando estemos tristes. ¿Cuál es el problema de estar sola? En mi humilde, personal y totalmente subjetiva opinión... Ninguno. Hay hoyos que están destinados, desde que nacemos, a ser llenados por alguien más y frente a eso no podemos hacer mucho. Pero, en el sano juicio del Universo y un posible creador, también nacemos con espacios y vacíos que sólo pueden ser llenados por nosotros mismos, por nadie más. Y es mejor llenarlos en soledad que en compañía, sin correr el riesgo de que esos espacios propios se llenen con alguien más que no es uno con el consiguiente problema de dependencia (que, por lo demás nunca termina bien).

En resumen, estimada, el llamado es a no desesperar. No porque "ya llegará alguien para ti", sino porque cuando finalmente encuentres a alguien con quien compartir tus pocos ratos libres, estos preciados momentos de soledad te serán tan deseados como lo es estar en compañía en estos momentos. Además, la amargura y el odio sólo provocan arrugas y malos ratos, ¿para qué desperdiciar el tiempo en bobadas? Mejor haz un sodoku o compra productos Avon. La amargura sólo conduce a más amargura y a menos posibilidades de conocer a ese alguien "especial".

Después de todo, ser soltera tiene una gran cantidad de ventajas.

17 febrero 2007

¿Día de los Enamorados?

Luego de una larga ausencia, al fin vuelvo a actualizar SSC. Y creo que la fecha no podría ser mejor.

Muchos hablan de que el día de los enamorados -al igual que el día de la mamá, el papá, el niño, el africano o el hambriento- es otro invento más de las oscuras mentes capitalistas para aumentar aún más el dinero que tienen en sus cuentas suizas. Y, lo más probable, es que sea así. Pero no por eso, deja de tener sentido el celebrar en pareja.

Nunca he celebrado San Valentín. Mala suerte, mala compañía, problemas de timing y una multitud de eventos inesperados siempre se han interpuesto entre la celebración más rosada del universo y yo. Porque, he de confesarlo, detrás de la máscara ácida de mujer independiente y que va a todas, igual dentro mío y de todas mis congéneres, se esconde un corazoncito demasiado bombardeado por los medios que igual quiere recibir flores/chocolates/globitosconformadecorazón en esta fecha. Así que, a pesar de todo, igual quería mis flores y mis chocolates. En realidad, quería el nuevo libro de Stephen King, "Cell", pero uno propone...

El asunto, para intentar resumir, es el siguiente: ¿realmente celebramos el día de los enamorados una vez al año? Porque, al menos yo, todos los malditos días de cada año veo parejas de la mano en la calle; veo al abuelito y la abuelita sentados en alguna banca de alguna plaza juntitos en silencio; o veo a los pingüinos escapando de quién sabe dónde en el Forestal besuqueándose y haciéndose añuñús. Ejemplos entre mis amig@s comprometid@s no faltan: la dedicación y devoción del un@ para el otr@ no sabe de fechas, horas o días en especial. Supongo que estar enamorado es estar celebrando día a día.

Mamón, sí. Momento cursi, sí, sí, sí. Pero no puedo evitar pensar que aunque la mayoría de las fiestas sean otro aprovechamiento económico, nunca está demás tener una excusa para celebrar al otro. Cumplemeses, aniversarios, cumpleaños; que en un día como hoy nos dimos el primer beso; que en una noche como ésta me tiré a la piscina por ti. Siempre, de algún modo, los enamorados andan buscando pretextos. Mientras tanto, aquellos a quienes Cupido nos tiene abandonados (o decididamente, se rindió) miramos con envidia la rosadez del universo. Nos reímos de quienes gastaron lo que no tenían en un regalo minúsuculo; con acidez, le echamos la culpa al sistema, al capitalismo o al conglomerado económico de turno y nos reímos de San Valentín, el amor y los enamorados.

Los solos tenemos cierta facilidad para olvidar que alguna vez estuvimos así y que nos desvivíamos para que todo saliera perfecto ese 14 de Febrero. O para el cumplemes o cualquier otra fecha patraña que se nos ocurriera. Porque a los solos solo nos queda el olvido: olvidar la pena del abandono; el corazón roto y, dios no quiera, el corazón traicionado.

Por eso, en esta ocasión los invito a dos cosas: a rememorar su mejor (o peor) San Valentín y qué han hecho cuando han estado abandonados, como esta humilde servidora.

19 septiembre 2006

Placeres Culpables

Aprovechando las dos semanas de vacaciones de Septiembre (mundo, envídiame) me puse al día con varias series que tenía botadas hace tiempo. Principalmente porque en mi casa de Stgo no hay cable y no me gusta ver las series dobladas al español. O sea, hello! Cómo van a cambiar la voz sexy y aterciopelada del Dr. Troy, por el esperpento de su equivalente en español. No, todo mal.

En fin. A lo que iba: poniéndome al día con las series, la mayoría de ellas protagonizadas por algún macho con serios problemas siquiátricos, no pude dejar de pensar en la debilidad que tenemos las mujeres por aquellos ejemplares masculinos que tienen escrito por todas partes "Keep away". Esos que una sabe, por herencia genética, que no causarán nada más que problemas. Pero allá vamos al ataque igual, cual abejas a la miel, polillas a la luz, etc, etc. Y terminamos pegoteadas y chamuscadas, consumiendo kilos de chocolate (en todas sus versiones) lamentando no haber podido ser aquella que logró mostrale el buen camino.

Y para todos quienes dicen que la TV no enseña nada, yo les digo que solamente no han pasado suficiente tiempo frente a ella. O que no tienen cable. Porque con tantas horas dedicadas con pasión y devoción a mis series, creo que hay varias de ellas que nos presentan los Placeres Culpables Favoritos de las féminas alrededor del globo.

House, MD: en español Dr. House. Este médico, interpretado por Hugh Laurie, es la pesadilla del Hospital (privado, of course) donde trabaja. Machista, cínico, egoísta, soberbio, engreído, and so on and so on el tipo es el demonio disfrazado. Sin embargo, todas juran que detrás de ese saco de amargura y acidez hay un tipo que sólo quiere que lo abracen y le digan buenas noches con un besito inocente en la frente. Sino, como se explica que su ex Stacy Warner (interpretada por Sela Ward) intente dejarlo atrás y ambos caigan en la tentación (más bien ella, o sea, cero fuerza de voluntad... y dignidad por cierto). Pero, aceptémosolo, la entendemos totalmente. Los tipos con ese aire de autosuficiencia que se les sale hasta por los poros son irresistibles. Y aunque cada frase hiriente y ácida nos cale profundo en el ego, no se puede evitar amarles con una ceguedad absoluta. Sabemos que va a terminar mal, pero no importa. Digamos que todas llevamos una directora de reformatorio de niños casi criminales dentro.

The Sopranos: la familia más disfuncional, rara y amada de la TV gringa. Creo que la única que le hace competencia son los Bundy y hace rato que ellos están fuera de la pantalla chica. Pero lo que nos importa hoy son dos chicos (bueno, uno ya no tanto) Tony Soprano (James Gandolfini) y el más joven de la pandilla, Christopher Moltisanti (Michael Imperioli).
Ya sé lo que dirán ¿qué tiene de interesante tiene Tony Soprano? Echen un vistazo a su pasado y encontraran la respuesta: ¿nunca cayeron por el tipo con cara de bonachón, de familia numerosa y gritona que resultó ser un desastre en desarrollo? Con una familia no tan buena onda, serios problemas de manejo de la ira y una vida alternativa medio turbia... Ufff. Quizás la doble vida es menos común, pero apuesto a que lo anterior sí es mucho más común de lo que creían.
El segundo caso (mi favorito) Christopher. El típico chico de buena pinta, no rico, sino pintoso. Simpático, te invita a comer, al cine, a almorzar... Y después te das cuenta que detrás de esa apariencia casi inmaculada hay un psicópata luchando por salir. ¿Abuso de sustancias ilegales? Como están las cosas, cambiaría las drogas de Moltisanti por la fluoxetina, alprazolam, Prozac, Zoloft, Ravotril, etc... ¿Le suena el panorama?

CSI: la original. La de Las Vegas. Con el único e inigualable Gil Grissom (William L. Petersen). El hombre, un genio escondido detrás de una máscara de pulcritud, reservado, siempre con la frase precisa en el momento adecuado. Todo rodeado de un gran halo de misterio. ¿Nunca les ha tocado uno así? El tipo que no sabes a qué se refiere realmente cuando dice algo, a quién tienes que leerle los subtítulos casi todo el tiempo, a quién sentiste que jamás llegaste a conocer por completo. Ése es Grissom. El misterio ambulante. Pariente de Dr. House, por cierto. Porque uno nunca, nunca, nunca sabe qué están pensado de verdad.

LOST: o sea. Es imposible hacer un countdown de placeres culpables masculinos sin hablar de él: Sawyer (Josh Holloway) . Cuyo nombre de verdad sigue siendo un misterio para gran parte de la isla, el único que al fin pudo tener algo de acción con la chica mala (que al final no era tan mala) de turno, el que hace suspirar a la mitad del público fanático de la serie. Porque Sawyer es la quintaesencia del placer culpable: un cuerpo divino, un rostro de macho alfa indiscutible, una actitud de "aquí vengo yo, porqué sigues con la ropa puesta". O sea, un macho en todo el sentido de la palabra. El tipo que exuda virilidad. Pero, al mismo tiempo, jamás te va a llevar a comer, sabes que jamás se lo presentarías a tus padres y aquí sí que sabes que sólo serás una más en su eterna lista de conquistas. Jamás te llamará al día siguiente y cada vez que aparezca en tu vida, sólo será para dejarte llorando y sufriendo en su ausencia. Pero lo disfrutas a concho. No importa cuántas veces te deje pésimo, seguirás contestando sus llamadas y correrás a él dejando todo atrás. O sea, ¿alguien puede resistirse? ¿Cierto que todas tenemos un Sawyer escondido por ahí?

Ya. Hay hartos placeres culpables más. En la TV y en la vida real. Pero no quiero enumerarlos a todos porque sé que tienen alguno que confesar. La pregunta es, ¿te atreves?